Una variedad de uva en diálogo con el territorio
Una variedad de uva en su propio territorio: eso es lo que intentamos contar aquí. Alvarinho en las orillas y laderas del río Miño. No en todas partes, porque el refinamiento es, por naturaleza, caprichoso. Y también lo es esta variedad. Antes de seguir adelante, es importante dar un paso atrás: ¿qué confiere a una región vinícola su aura inconfundible?
No sólo el vino, sino la historia y la cultura que se sedimentan en él, en diálogo con las formas del terreno, los suelos, el clima y la forma en que todo ello se relaciona con las vides. De esta interacción silenciosa nace la identidad de un lugar.

Un territorio antes de Alvarinho
Antes de que el Alvarinho se hiciera un nombre, esta zona fronteriza era principalmente tierra de vino tinto y viñedos mixtos, sin ninguna variedad dominante. Aun así, ya gozaba de reputación como territorio único para el cultivo de la vid, marcado por una íntima relación entre agricultura, paisaje y comunidades ribereñas.
Con el tiempo, la variedad blanca Alvarinho empezó a destacar, pasando a un segundo plano frente al resto del patrimonio vitícola y convirtiéndose en un símbolo, un elemento de identidad y un activo económico de gran valor. Hoy, sin embargo, también existe un movimiento inverso: aquí y allá, las antiguas variedades regresan, aportando diversidad, versatilidad y memoria al territorio.

Paisaje, continuidad y escala humana
Las propiedades son marcadamente familiares, de encaje y a pequeña escala. Las raíces enterradas en el tiempo cuentan tanto como la técnica. No hay verdadera innovación sin continuidad, sin una expresión que respete lo que vino antes.
Para los curiosos y apasionados del mundo del vino, el descubrimiento se hace a paso lento y con los sentidos atentos: recorriendo caminos, calles y viñedos; hablando con quienes viven en el lugar y comparten recuerdos; deteniéndose para sentir el aliento combinado de la naturaleza y la historia.
Aquí no se recorre el territorio, sino que se escucha.

El río, la mesa y el tiempo
A orillas del Miño, la experiencia se completa con la tranquila contemplación del agua, el intercambio de manjares locales y el sencillo gesto de saborear una aromática copa de Alvarinho. Todo sucede a su tiempo, donde el vino no es sólo una degustación, sino una mediación entre las personas, el paisaje y la cultura.

El Alvarinho de Monção y Melgaço es un legado, un alma, una comunidad. Es una pasión que abarca generaciones. Es el pasado hecho presente que ya está dando forma al futuro: la joya más preciada de la región del Vinho Verde.