Just Natur, situada en Castro Laboreiro, pueblo fronterizo del municipio de Melgaço, en el corazón del Parque Nacional de Peneda-Gerês, es una empresa de animación turística y alojamiento local profundamente arraigada en el territorio. Aquí, la naturaleza no es un mero telón de fondo: se impone desde el primer instante. La imponencia de las montañas y la belleza casi escultórica del granito crean un escenario de tal intensidad que, al llegar, los sentidos parecen suspenderse.

En la pensión Just Natur, situada en el centro del pueblo, os recibís con una hospitalidad cálida y genuina, casi familiar. Es el impulso inicial para un viaje memorable por los meandros de la cultura local, una inmersión en la que los sabores regionales, de elaboración casera, se entremezclan con historias, gestos y conocimientos transmitidos a lo largo de generaciones.

A partir de aquí, se abren múltiples posibilidades de descubrimiento: rutas a pie y visitas guiadas por el territorio del parque nacional, siempre acompañadas de un profundo conocimiento del paisaje y su interpretación cultural. Destacan las visitas a las brandas y los abrigos más emblemáticos, fundamentales para comprender la singularidad de la trashumancia castreja, un modo de vida moldeado por la montaña, las estaciones y la resiliencia humana.
Tampoco te puedes perder la subida a las ruinas del castillo de Castro Laboreiro, desde donde se obtiene una vista capaz de acelerar el latido del corazón y ampliar el sentido de pertenencia a esta tierra extrema y hermosa. Vayas donde vayas, la presencia constante del aire puro, fresco y perfumado se convierte en la compañera silenciosa de la experiencia.

La propuesta de Just Natur se extiende también a la gastronomía y a los conocimientos cotidianos. Los talleres culinarios invitan a participar activamente en la preparación de recetas tradicionales, mientras que la visita al huerto del alojamiento, cultivado según los principios de la agricultura tradicional y ecológica, revela la íntima conexión entre la tierra y la mesa. El descubrimiento del Museo del Chocolate, por su parte, rinde homenaje al ingenio y la capacidad emprendedora de la gente local, recordando historias inesperadas que forman parte de la identidad de esta sierra.

Y, sobre todo, no te vayas sin vivir uno de los momentos más memorables de la experiencia: la preparación y puesta en común de una comida, en la que puedes colaborar y que luego se degustará alrededor de la mesa, en compañía de los anfitriones. Un gesto sencillo, profundamente humano, que resume el espíritu del lugar. Créeme: es una experiencia que perdura.